viernes, 22 de abril de 2011

Revisitando clásicos: El apartamento


Buenas!
Heme aquí, en plena Semana Santa, entregándome a mi tarea de recuperación en vez de estar en una procesión, como mandan los cánones. Dada la circunstancia quizá tenía que haber recuperado “La Túnica Sagrada” o “Ben-Hur”, clásicos universales de estas fechas, pero ya tenía preparada la crítica y era una cuestión de optimización de esfuerzos (yo también me merezco unas vacaciones).

Así pues, rollos a parte, hoy os recomiendo el visionado de “El Apartamento”, del grandísimo Billy Wilder, que con dos películas en esta sección (y alguna en ciernes, no digo más) ocupa el “Númber one” del ranking de nuestros directores favoritos.

El Apartamento es una joyita del cine. A simple vista parece una comedia ligera, muy bien trabada y con un argumento original pero, como siempre cuando se trata de este monstruo del cine, no es lo que parece y se aliña con toques de drama y lecciones morales que enriquecen lo que podía haber sido únicamente una buena comedia, hasta convertirla en uno de los clásicos indispensables de la historia del cine.
CC Baxter es un oficinista mediocre y soltero que utiliza su apartamento como camino fácil para un ascenso, prestándolo a sus superiores para sus aventurillas. Esta situación provoca problemas de diversa índole en el pobre Baxter (trabajar horas extras y dormir en el parque cada día demuestran ser hábitos poco saludables), que además está coladito por una ascensorista de la empresa (interpretada por una magnífica Shirley McLaine) que aunque es muy simpática no parece hacerle el menor caso.

Alrededor de la historia de encuentros y desencuentros de estos dos personajes, y con una trama de lo más original, Wilder aborda temas transcendentes como la hipocresía de los directivos, su falta de moral, su menosprecio hacia las mujeres o la incapacidad de ascender por méritos propios en una empresa en que el trabajador es sólo un número. Todo eso acompañado de escenas y diálogos memorables hacen que esta película sea extremadamente recomendable para cualquier momento y en cualquier lugar.

Para mi no es la mejor de Wilder, pero aún así es de visionado indispensable.
Para los que creen que aún hay gente buena con principios por el mundo.

4 comentarios:

Isabel dijo...

Muy bueno Reichel, me parece muy buena idea, me has animado y me apunto a verla en vez de estar en una procesión jeje. Saludos!

ricard dijo...

El guión de esta película debería ser -si no lo es ya- materia de estudio en las escuelas de cine. Sólo hace falta fijarse en el juego que Wilder y su guionista I.A.L. Diamond sacan de objetos insignificantes como una polvera (con el cristal roto) y una llave (¿la del apartamento o la del lavabo de ejecutivos?). ¡Ah, me olvidaba de la raqueta de tenis usada como utensilio de cocina!

Miguel A.M dijo...

Inigualable. Aquí Wilder eleva la comedia a un estado que nadie (para mí ni Woody Allen) ha conseguido alcanzar.

David Amorós dijo...

Completamente de acuerdo con Ricard. El guión es una obra maestra y sin duda es una opción mucho mejor que cualquier procesión de Semana Santa. Pero que cada uno haga lo que quiera. Un saludo.